lunes, 14 de septiembre de 2009

Vietnam, 2ª: Itinerario

Así que, aqui estamos! Empezamos por Ho Chi Minh City (antigua Saigón) dispuestos a regatear el precio de la habitación; una de 6€ la podremos conseguir por unos 4 con un poco de insistencia, teniendo en cuenta hoteles, hostales y “rooms for rent”, literalmente habitaciones en casas privadas. No parece caro pero se debe tener en cuenta que en este país los servicios e infraestructuras tienen un nivel más bajo que en otros paises más avanzados; se obtiene menos por el mismo dinero, por lo tanto, aqui la comodidad se paga. Aún así, sigue siendo posible tomarse una jarra de cerveza en Hanoi por unos 4000 VND -Unos 0.20€- o un Hot Pot (Foto inferior, de 60 000 a 100 000 Dongs)

Los túneles de Cu Chi, enorme red de túneles usados por el Vietkong durante la guerra contra EEUU son una muy buena opción en cuanto a visitas; los americanos llegarían a construir una de sus bases encima de una sección de túneles sin siquiera dersa cuenta.

Si se puede, es también recomendable irse a recorrer la campiña del Delta del Mekong: Cráteres de bombas entre miles de hectáreas de arroz y nuestro primer contacto con el Viet Nam más rural. El Distrito de Cho Lon, en Saigón, nos servirá para familiarizarnos con la vida en el mercado vietnamita. Cientos de colores y aromas se mezclan en lo que antaño fue una de lás zonas de más comercio del sudeste asiático.

Entre tanto vendedor ambulante deberemos decidir nuestro siguiente destino; aqui es donde entra el sistema Open Ticket. Un buen invento: Se puede ir de sur a norte del país, parando en las principales ciudades, por unos 20€; la opción de autobuses-litera nos podrá salir unos 5-10€ más cara. Difícil decidir ya que, por ejemplo, el recorrido Hoi An – Hue (4 horas) contrasta con el Hue – Hanoi, 13 horas. Las distancias son grandes aquí aunque no lo parezcan, y la velocidad real de los vehiculos no suele pasar de los 70km/h; por lo tanto, aunque el ticket de asiento es más barato quizá los viajeros con un poco más de presupuesto se decanten por la opción del bus-litera.


Primera parada Nha Trang (foto superior), en la costa; una especie de Benidorm a la Vietnamita, más últimamente en que se pueden ver los esqueletos en construcción de los futuros hoteles-rascacielo. La parte más turística en sí no tiene mucho a remarcar; será en el precioso barrio de pescadores o el templo Cham de las columnas a donde tendremos que ir en busca del Viet Nam más tradicional.

Destino frecuente para turistas y parejas Vietnamitas, quizá no queden colmadas todas las expectativas, pero el lugar es un buen punto de partida -uno de los pocos- para contratar los servicios de un Easy Rider, léase guia motorizado, que nos llevará de paquete en su moto, o nos dejará una moto para seguirle, en una ruta por el interior de la zona en cuestión; cascadas, villas y montañas incólumnes que nos permitiráan conocer el Viet Nam más auténtico. Una opción a tener en cuenta, se esté en la zona que se esté del país.

Siguiente parada, Hoi An, y aquí sí nos encontraremos algo diferente; pueblo a orillas del río, con la playa a unos 5 minutos, no encontraremos en la localidad ningún edificio que sobresalga de los demás, tratándose el estilo arquitectónico de casas bajas, de no más de dos plantas, generalmente de madera, y de mansiones de antiguos comerciantes chinos o miembros del gobierno, éste será un buen lugar para contemplar arte en una de las numerosas galerías existentes y/o encargar un vestido o camisa, hecho a medida, por unos 20€. Un cambio enorme comparado con Saigon o Nha Trang, en Hoi An servidor no pudo evitar notar reminiscencias mediterráneas; la misma tranquilidad, los mismos colores, el mismo ambiente. El pueblo se conserva como en tiempos antiguos; además se libró de los bombardeos norteamericanos durante la guerra así que en pocos lugares más veremos cómo era una ciudad vietnamita del siglo pasado. Un buen tratamiento de desintoxicación del crecimiento evidente en que se ve sumido el resto del país.

En Hue, también en el centro del país, nos estarán esperando el palacio del emperador, la ciudadela antigua y las diferentes tumbas de reyes que fueron gobernando el país desde esta ciudad, mezcladas con una ciudad hoy industrializada, principal ciudad del centro y tan superpoblada como Hanoi o Saigón.

100 kilómetros al norte se encuentra la Zona Desmilitarizada, a la altura del paralelo 17, el que separó Vietnam del Norte del Sur después de la guerra de Indochina: El lugar a donde ir si se buscan testimonios de la guerra contra EEUU.


En Hanoi, la capital, ciudad del Norte comunista vencedor y sede del partido, encontramos un ambiente distinto del de Saigón; aqui no tendremos que buscar bares locales de calle con cerveza barata pues parece considerarse más importante mantener el statu quo local que centrarse en el turista; lo cual es de agradecer.

Perseverando en su ideal del Vietnam más independiente, contrasta con la mucho más liberal Saigón en cuento a que no veremos vendedores ambulantes de guías de Vietnam, gafas de sol o grandes clubes con neones: aquí el partido controla, pero aparte hay una tendencia mucho más fuerte a mantener viva la tradición del país. El tráfico de motos e incesante actividad a cualquier hora del día son, no obstante, iguales que en Saigon.

Buena muestra de ello son, por ejemplo, las funciones de las tradicionales marionetas de agua o las visitas a la cárcel de Hanoi, el museo Ho Chi Minh o el mismo Mausoleo del difunto, en el que encontraremos al tío Ho fresco como una rosa gracias al embalsamamiento al que fue sometido a finales de los 60. Una lástima si consideramos que su voluntad era ser incinerado y repartir sus cenizas por las 4 montañas más altas del norte, centro y sur del país, como símbolo de unidad; el partido, no obstante, consideró mejor embalsamarlo para que lo pudieran ver los futuros ciudadanos vietnamitas del Sur aún no conquistado. Así que allí está el hombre, con su cara en todos los billetes del país, su nombre en autopistas y ciudades pero más tieso que la mojama.


A 4 horas al este, en la costa, se encuentra la bahía de Ha Long, patrimonio de la humanidad y de donde procede una de las fotos más célebres de toda Asia.

Miles de islotes y peñas se aglomeran en esta zona, visita obligada y en la que podremos realizar desde excursiones de 4 horas a 2-3 días durmiendo en uno de los juncos de la bahía. Eso sí, juncos modernos: Los tradicionales con velas vietnamitas hace tiempo que claudicaron frente a los grandes barcos-hotel y los motores fueraborda.

Aún así, el lugar nos mostrará una buena visión de la Asia más eterna; Un paisaje tan distinto a lo que podamos encontrar en occidente que nos hará volar la imaginación pensando en piratas, dragones y la Asia más ancestral. Una visita obligada si se decide venir al país.

Y, en cuanto al campo... realmente se respira un ambiente distinto al de las ciudades; los vietnamitas rurales suelen, en un 95% de los casos, ser gente curiosa y alegre que aceptan al extranjero con una sonrisa mientras le bombardean a preguntas como si está casado, cuantos años tiene, en qué trabaja... Gente sencilla, trabajadores y algo en su rostro que nos habla de lo mal que lo ha pasado el país en su larga historia, y también quizá una expresión de desconcierto, de no entendimiento ante el rumbo que están tomando las cosas en su país, un país que en su historia sólo había evolucionado en términos de lucha pero que se está zambullendo de lleno en la búsqueda de capital extranjero, de modernos vehículos de 100 000€ circulando por angostas calles entre cientos de motos y ciclotaxis y construcción de modernos hoteles, centros de negocio y resorts.

Como siempre, a más pobreza más riqueza: Al igual que en la India -ver capítulo anterior-, esto parece tratarse de 50 000 ricos que usan el potencial de los millones restantes para impulsar al país (y a sí mismos por supuesto).

Nos tememos, visto lo visto, que poco le queda al Viet Nam actual; el viajero que quiera saborear la tradición original hará bien en venir antes de unos 10 años; al ritmo que van las cosas ése es el plazo que le queda al Sur de los Viet -traducción de su nombre original, Nam Viet- para ofrecernos el encanto de sus gentes, de sus campos de arroz y maravillosos paisajes rurales intocados.

Un último apunte: El regateo. No sabemos hasta cuándo durará -posiblemente para siempre dado lo arraigado de la costumbre- pero aquí se regatea todo: Desde el alojamiento al transporte, libros, souvenirs... siempre se deberá empezar ofreciendo la mitad del precio que nos pidan.

Aquí se presupone que los extranjeros y Vietnamitas de dinero no sólo pueden sino que deben pagar más por lo mismo; no es aprovecharse sino una manera de ver las cosas en la que el que tiene más debe pagar más para ayudar al que tiene menos; la casta superior tiene privilegios pero debe, a su vez, contribuir al bienestar relativo de las castas inferiores.

Y se acabó el Viet Nam; en esta ocasión no me he recreado tanto escribiendo porque he estado demasiado inmerso en el país en sí. Sólo me queda recomendarlo como un excelente lugar al que ir a ver y aprender; los vendedores, mototaxis y demás pueden hacerse algo pesados de vez en cuando pero con paciencia y una sonrisa siempre por delante no deberemos tener el más mínimo problema.

Decir también que esta entrada trata sólamente de los lugares más visitados; En todo el interior del Vietnam encontraremos aldeas y campo para aburrir, se recomienda ingeniárselas para ir, tembién, hacia dichas zonas.

Espero que haya sido suficiente para haceros una idea o, cuando menos entreteneros; servidor se prepara para dirigirse al sol naciente: El Japón.

Viet Nam, 1ª: La larga lucha Vietnamita

Viet Nam, el dragón dormido de Asia -o la pértiga con dos boles de arroz en los extremos, a esto les recuerda a los vietnamitas la forma del país-, tiene mucho del primero: Un dragón que ha luchado, ha dormido y está despertando con una fuerza intensísima.

Bautizada como la Conchinchina por los portugueses allá en el 1516, fue considerada una tierra difícil, más violenta y menos “colonizable” que muchas de sus vecinas; no en vano desde el siglo I a.C había estado en conflicto permanente con el mismo país del que acabó absorbiendo una buena parte de la cultura: La China, y a la vez soportando conflictos internos sur-norte.

No sería hasta unos 100 años después que un jesuita francés, Alexandre de Rodes, que romanizó el alfabeto Viet, pero que introdujo la religión cristiana -con los consequentes predicadores y obispos con, nos tememos, no las mejores intenciones- y puso al Viet nam en la mira del colonialismo francés.

Así que un clavo, Francia, sacó a otro, la China. Pero, ay de los Viets, este último clavo estaba aún más caliente y duró hasta 1954, en que después de la guerra de Indochina y la larga marcha del Tío Ho (Chi Minh) los franceses se retiraron del país, exhaustos, y el Vietnam quedara dividido en dos: La República Democrática del Vietnam en el norte, comunista, gobernada por Ho Chi Minh y la República del Vietnam en el sur, “amiga” de los EEUU y con dirigentes extremamente anticomunistas.

En este punto el lector ya adivina lo que viene: Después de una breve pero intensa ocupación japonesa llegaría la guerra entre el Norte comunista y EEUU más el Sur anticomunista, que arrojó sobre Vietnam, Camboya y Laos el triple de tonelaje en bombas que en toda la segunda guerra mundial.

Pero, como llevaban haciendo los ultimos casi 20 siglos, los Viets lucharon, vencieron y en nombre de Ho Chi Minh el vencedor norte comunista unificó al país en lo que es hoy: La República Socialista del Vietnam, cambiando el nombre de Saigón por el de Ho Chi Minh City y iniciando un férreo control sobre la población y cualquier tipo de disidencia pasando desde campos de “reeducación” a ejecuciones, privando al país de la libertad que se había ganado y reduciéndolo a un estado de aislamiento y parálisis.

Y en esas estamos... o casi.

Hoy en día, el partido comunista -el único, por supuesto- sigue empecinado en controlar cada aspecto de la sociedad civil, siguen habiendo disidentes encarcelados y ejecuciones políticas todos los años.

La televisión sigue siendo la del estado; los periódicos independientes no existen y se controla incluso la disidencia electrónica, pero el dinamismo en el que se ha envuelto el país desde su apertura en 1994 está obligando al partido a replantearse el camino, adquiriendo cada vez más tintes capitalistas y creando una especie de “capitalismo de estado” en el que todo se recibe, todo se monetariza, y todo pasa por manos del partido en un momento u otro.

Como todos sabemos, la avidez de dinero sólo lleva a un destino: Más avidez de dinero, así que no parecen quedar lejos los días en que cosas como la malnutrición o la escolarización pasen a ser priorodades políticas (en el 13r país más poblado del mundo, eso sí); en la escena internacional el Vietnam nació “ayer”, quiere participar y parece saber que ello conlleva gobernar el país de una forma más normal, más abierta. La gente ya no le teme a la policía, lo cual es el primer signo de recuperación...

Recemos para que lleguen a buen puerto sin perder el equilibrio, ni de un lado ni del otro.


domingo, 23 de agosto de 2009

Ko Phi Phi


El grupo de las Islas PhiPhi, dentro del parque nacional de PhiPhi, se compone de 2 islas principales, Ko Phi Phi Don y Ko Phi Phi Leh (que sepais que en Thai todas las islas empiezan por Ko -.- ), rodeadas de no más de 3 islotes como la isla de bambúes, por ejemplo. La principal, PhiPhi Don, son básicamente dos islas unidas por una estrecha franja de terreno, el principal punto de vida de las islas. Su vecina, Leh, es lo justo para no ser un islote, 6 km2, y donde jamás se ha construido -ni se hará.

Uno no se espera, a estas alturas, encontrar un lugar que justifique la etiqueta de paraíso: En estos dias, con la enorme mayoría de destinaciones y lo avanzado del turismo, siempre habrá un pero, desde el alojamiento hasta el exceso de gente hasta el tráfico...

Es por eso que la primera buena señal que PhiPhi Don nos brinde será la ausencia de vehículos a motor -coches, motos y demás- en toda la isla, siendo las únicas permitidas las motos de la basura (la explicación, más tarde). Motos si, motos con carros enganchados y no camiones porque tampoco les hace falta más: el segundo buen augurio que la isla nos brinda es comprobar la pequeñez de la misma, no imaginada hasta que no se llega.

La vida se centra en un terreno de playa de unos 5km de largo por unos 3 de ancho llamado Haad Yao, con sendas playas a este y oeste, tratándose el resto de la isla de resorts bastante aislados -y bastante caros- y un puñado de aldeas de pescadores, no más de 10 casas.

Siendo un paraíso también para los buceadores, aqui encontraremos desde tiburones leopardo o tortugas hasta el maravilloso -pelín maltratado por la actividad humana, eso si- coral. Incluyendo a nemo; le encontré ;)

Los alojamientos, resorts y demás son suficientes, pero hay que tener en cuenta que las infraestructuras se están reparando y el suministro de agua deja mucho que desear en cuanto a su calidad. Y ahora es cuando viene la explicación pendiente y la razón de lo rudimentario de las infraestructuras:

La Isla ha estado y está en reparación, después de que el Tsunami del 24 de diciembre del 2004 matara de 2500 a 3000 personas, muchas de las cuales dadas por desaparecidas. Locales, turistas... los corazones de los lugareños están, y estarán, en reparación.

Antes del Tsunami, PhiPhi (Don, recordemos que en PhiPhi Leh jamás se ha puesto un ladrillo) se había entregado a la construcción salvaje, al crecimiento exponencial; el exceso de cimientos y tráfico en una isla tan pequeña la estrangulaba.

Pero llegó el día, las aguas pasaron y arrasaron: En una mañana, en Hat Yao -foto de arriba- no quedaban edificios sanos, los vehiculos invadían las calles en pilares de a 3 y las infraestructuras literalmente se hicieron pedazos.

Desde entonces la ayuda internacional ha llegado con suficiencia, el gobierno ha empezado a controlar el crecimiento e incentivar la autosuficiencia, por ejemplo prohibiendo la circulacion de vehiculos a motor en toda la isla o creando un sistema de tratamiento de agua basado en un gran parque-jardín de agua residual con abundante vegetación “chupadora/tratadora” de aguas ya usada.

Hoy PhiPhi es una isla en reconstrucción, con una herida que perdurará pero abierta a seguir un futuro -no muy próximo esperamos- de sostenibilidad y no-sobreexplotación.

Como curiosidad, señalar que se rodó en PhiPhi Leh la película la playa, del 2000, Maya beach se llama el lugar -rodando secuencias en Ko PhaNghan.-anteriormente citada en este blog-, pese a estar distantes cada una en un lado de Thailandia, y hay que decir que no muy respectuosamente; desde plantar árboles no autóctonos hasta terraformar ciertas zonas de la isla.

Y como curiosidad aún más friki en PhiPhi Don se rodaron secuencias de la peli el Hombre de la pistola de Oro de james bond en 1974 ;-) Seguramente no siendo ni 1/10 parte de lo agresivos que fueron en el 2000...

Y sanseacabó! Mi periplo por Thailandia, dos meses en este gran -a mi modesta opinion- país, en el que la gente no está orgullosa de ser Thai sino contenta de serlo.

La próxima, ya desde Vietnam, el “dragón dormido” de Asia. Así que, si me acompañáis...


Thailandia sur: KoPhaNghan, o la Ibiza Thailandesa


Y llegó la “pausa” que había estado esperando: Las islas del sur de Thailandia, que me tomé como un descanso de cosas como llevar la cámara encima todo el día.
Siendo mediterráneo mi cuerpo me pedía mar a gritos; así, llegar al puerto de SuratThani y respirar de nuevo el olor a mar me bajó de revoluciones y me preparó para lo que me esperaba.

Trayecto Bangkok-SuratThani en bus y Ko PhaNghan en barco, unas 12 y 2 horas respectivamente por unos 600-700 bahts lo tendremos. Como siempre, se puede llegar a hacer duro pero nada que nos estrese en demasía: Es fácil viajar en Thailandia, es uno de los paises ricos del sureste asiático y tanto las infraestructuras como el parque móvil están 100% acondicionados para el transporte terrestre.

Llegado a Ko PhaNghan, la mediana de las 3 islas -PhaNghan, Samui y Tao, la más pequeña y lugar a donde ir a hacer buen esnórquel-, hay diferentes opciones: En el norte y noroeste de la isla tendremos tranquilidad, en el sur y noreste estaremos cerca del meollo: La playa de Haad Rin, con sus dos vertientes, sunrise y sunset, y sus legiones de jóvenes de todos los paises que vienen a esta ibiza thailandesa buscando fiestas de luna llena, bailes de fuego en la playa y eventos en resorts con piscina.

El viajero más tranquilo hará bien en dirigirse a Ko Tao o incluso a Ko Samui; en esta isla, KoPhaNghan, nos dará la impresion de estar en medio de una gran fiesta, en curso o en preparación, al ver durante todo el día taxis-pickup cargadas de turistas jóvenes yendo a tal o cual evento -generalmente en el sudeste de la isla-

Servidor estuvo 8 dias en la isla, con lo cual le dio tiempo de visitar cosas como un centro de meditación donde retirarse una semana -fundado por un americano y mantenido por monjes y una pareja alemana-, casi el único de la isla y donde podremos aislarnos del exterior, a saber: No hablar, no gritar, comer frugalmente, meditar, pasear, etc. Contradictorio en una isla así...
Existen tambien en la isla diversas cascadas que vale la pena ir a ver, por cuenta propia o uniéndose a uno de los “reggae tours” que salen de Hat Rin en barco y remontan el río hasta dichas cascadas: Buen trayecto y buena manera de conocer otros viajeros.

Obviamente tampoco podia perderme la half moon party: En esta isla cualquier excusa es buena para una fiesta organizada, así que existiendo la luna llena es obvio que habrá tambien la media como mínimo. La diferencia, esta última se celebra en medio de la jungla; cada vez más gente, entre la que me incluyo, la prefieren a la luna llena que se celebra en la playa de Haad Rin.
Los tours a hacer esnórquel o submarinismo pueden tener lugar en PhaNghan pero generalmente nos derivarán a la costa de Ko Tao. Más pequeña y con aguas más cristalinas, como se ha dicho será un destino preferible a familias y viajeros no tan interesados en eventos de noche. El pero en Ko Tao nos lo ponen los precios, más caros que en las islas vecinas; PhaNghan sigue siendo caro comparado con el continente pero los precios se mantienen al soportar casi exclusivamente un turismo mochilero.

Lógicamente al ser una isla las infraestructuras no son tan buenas; de hecho, son malas hasta resultar peligrosas.
La orografía de la isla -las carreteras hacia Hat Rin pueden subir-bajar 50 metros en 20 metros de recorrido; a una moto de alquiler (250 bahts/dia) de 125cc con 2 personas a bordo le cuesta subir esas pendientes-, la mala calidad de los pavimentos y, sobretodo, el alcohol, hacen que cada día haya un accidente de moto en la isla, en el 85% de los casos tratándose de un turista (Apostamos sobre seguro al pensar en sangre más bien anglosajona). Es famoso el “tatuaje de PhaNghan”: rascadas, golpes y miembros vendados debido a caidas en moto.

Por lo demás, como el resto de Thailandia: Fácil quedarse, fácil sonreir. Encontraremos la isla más atractiva cuanto más jóvenes seamos y más ganas de “pendonear” tengamos; para todo lo demás están sitios como la citada Ko Tao o mi próximo destino, la costa oeste Thailandesa, el mar de andamán y, en él, un pequeño paraíso: Ko PhiPhi.

lunes, 3 de agosto de 2009

Interludio 2º- Camboya, o el poder del dólar

Mi incursión en Camboya -4 dias en Sieam Reap- hasta el Angkor Wat no me ha permitido sacar muchas conclusiones acerca del país que digamos, pero algo sí me siento obligado a comentar: Pobres camboyanos, que adoran al dólar americano y “repudian” el real camboyano.

Por supuesto podremos pagar una comida en reals, sólo tenemos que apartarnos un mínimo de las zonas más turísticas, pero aún así incluso en los pueblos los niños le pediran a uno “one dollar”, no “4000 reals”.

A la hora de pagar, carta de precios en dólares. En el par de cajeros en los que estuve, impsible obtener reals: La máquina sólo daba dólares.

Realmente es lástima que un país así se deje dominar tan descaradamente por la influencia o imposiciones de un lugar en la otra punta del mundo. Y estoy seguro de que hay bastantes más casos, estoy seguro de que alguno más encontraré, pero me ha impactado la naturalidad con que aceptan la sumisión.

Además de la salvaje globalización y centralización de poder en la que vivimos, eso nos habla también de la humildad del país. Ello nos lo indica también el hecho de que, pese a ser mucho mas humilde, los precios al turista sean más caros que en Thailandia; Se pueden incluso percibir ligeros aromas del “acoso al turista” al que le someten a uno en lugares como la india, pero aquí es más sutil debido a la mentalidad de no-agresión existente en el sudeste asiático, lo cual, a veces, lo hace incluso menos honesto, pero en este caso sabemos que esta gente lo pasó mal -léase Pol Pot: 1.5 millones de desaparecidos en un país de 7 millones de habitantes.

En la frontera, por ejemplo, asistiremos, rascándonos la cabeza, al espectáculo de escuchar cómo el aduanero/guia en cuestión nos recomendará encarecidamente que cambiemos allí el máximo número posible de Bahts Thailandeses -o dólares, pero por estos últimos cobran comisión, aunque tambien se lleven la suya en el caso de los Bahts- aduciendo que al llegar a Siem Reap "no hay casas de cambio ni cajeros funcionales".

Cuál será la "sorpresa" -ejem- cuando al llegar a Sieam Reap nos encontremos un cajero enorme justo enfrente del hostal, con una casa de cambio al ladito.

He recibido, no obstante, muy buenos informes del resto del país, y por ejemplo en Sieam Reap encontramos el lago Sap, el mayor lago de agua dulce del sudeste asiático, algo así como el 4º en extensión del mundo y donde encontraremos un poblado flotante camboyano y otro vietnamita; suele valer la pena ir a verlo.

Hasta aqui el folleto de Camboya ^^ El próximo, desde las islas del sur de Thailandia.

Interludio 1º - Angkor Wat

Camboya fue, a principios del s.XII, origen y sede del reino más esplendoroso y extenso de la época en el sudeste asiático: El reinado Jemer.
Extendiéndose desde la capital hasta más allá de Camboya, Thailandia y Laos, bajo el mando del rey Suryavarman II, fue sede del mayor complejo religioso jamás construido: El Angkor Wat, el mayor templo del mundo y la ciudad que se extendía a sus pies, Angkor Thom. Con unos 750.000 habitantes, encontramos crónicas donde se compara Angkor con el londres de la época, dejando a este último como un simple “poblado” en comparación a las maravillas y templos existentes en Angkor. En total más de 100 templos, rodeados por una ciudad de casas elevadas en troncos.

Por fin, después de tenerlo en la cabeza desde que tengo uso de razón, el Angkor Wat se fue descubriendo, lentamente, tan lentamente como tardó el sol en salir la mañana del día 24 de julio.
De una sombra contra el amanecer se fue convirtiendo en lo que sólo puedo describir como un impacto en todos sus aspectos: Sensación de pequeñez, humildad, respeto ante unas gentes que tuvieron la idea de construir “eso”; sus 5 puntas, pintadas y probablemente chapadas en oro en su época, sus pasillos y piscinas interiores, ricamente talladas con todo tipo de figuras, sus templos exteriores y depósitos de agua; todo nos transmite una sensación de magnificencia y respeto que en pocos lugares más se encuentra. Realmente se percibe que se consiguió transmitir el respeto y el culto de la época directamente al corazón de la piedra desnuda, tanto que aún se rinde culto a los dioses en el templo de Angkor: Las piedras se encargan de ello.

Pero no es sólo el Wat lo que nos impresiona: un par de kilómetros al norte se encuentra el Bayou, profusión de enormes caras de Bodhisattva, deidad hindú, talladas en cada costado de cada punta de cada wat del templo, quizá otra de las imágenes más reproducidas de este conjunto de colosos intemporales.
Hay que decir, no obstante, que el material de construccion usado -piedra arenisca- no es el idóneo para resistir el paso del tiempo, menos en un lugar tan dado a la lluvia, pero los trabajos de restauración -financiados por alemanes, japoneses, filipinos, franceses... ni uno puramente camboyano- lo mantienen en razonablemente buenas condiciones. El precio a pagar: Dudo que desde su redescubrimiento en 1586 haya habido un año sin andamiaje invadiendo al menos uno de los templos, pero es algo que se olvida cuando uno se da cuenta de que, definitivamente, NO debemos perder algo como el conjunto de Angkor.
Una concesión sí se ha hecho: el Tha Phrom, que se mantiene más o menos tal y como se encontró, invadido por la jungla, abandonado desde el s.XVI. Aquí sí nos sentiremos “Jones” del todo: árboles centenarios estrangulando la roca, sus enormes raices colgando y rodeando los tejados de los subtemplos, pasillos abovedados derrumbados completamente, zonas acordonadas debido al obvio riesgo de derrumbamiento.




Un lugar para recordar, un lugar que me sobrevivirá a mi y a los hijos de mis hijos -caso que los hubiera o hubiere-.
En cualquier caso, hora de avanzar...