martes, 9 de febrero de 2010

Costa Oeste de Estados Unidos

La llegada a Estados Unidos y, me temo, a cualquier otro lugar después de Japón la supongo chocante; en mi caso lo fue, al salir del metro en San Francisco, mi primer día en los EEUU, donde me sentí envuelto de calles “sucias”, tráfico y gente que te mira penetrantemente.
Después de algunas horas en la ciudad, no obstante, mi opinión varió al 100% gracias a la misma ciudad de San Francisco, ciudad que me robó un trozo de alma y de la que volveré a hablar más tarde.

Opciones de dormir barato bastantes, en la zona de Haight Ashbury hay bastantes hostels baratos, casa de acogida y por la ciudad repartidos tampoco faltan, con precios que variarían entre los 12 a los 20$.
Una buena opcion es el Green tortoise, en el que me alojé bastante, lugar muy recomendable: El espíritu festivo y “abierto” del lugar recomienda hacer algo de contactos para disfrutar como se debe esta maravillosa ciudad.
Después de unos primeros días asimilando el “american way of life” me dispuse a empezar a hacer millas, y por ninguna razón en particular escogí Los Ángeles como primer destino. Afortunadamente con la cantidad de vuelos diarios que hay, volar de SF a Los Angeles o Vegas sale más barato que tren o autobús, así que es una tríada razonable para saborear la costa oeste centro.

En Los Ángeles me vi, pues, en algún punto de esta inmensa ciudad que se extiende, y se extiende... hasta donde alcanza la vista en forma de suburbios alrededor básicamente de Hollywood y el Downtown.
Con un transporte público penoso nos será difícil movernos por la ciudad a no ser que dispongamos de coche, opción bastante usada por cierto la de alquilar coche en SF, por ejemplo, y recorrer las ciudades/parques nacionales que se pongan a tiro dependiendo del tiempo que tengamos. En mi opinión, si se va en grupo, vale la pena mirarlo -como en cualquier otro país que se visite-
Y es que eso, amigos, aquí es una religión: Hay que tener coche. Hay que consumir -hablaré de esto más tarde- En toda América, la gente usa el coche para todo, relegando el transporte público por norma general al par de usos ocasionales y, por supuesto, a la gente que no puede pagarse un coche: Los americanos “pero menos”, esto es hispanos, gente de color, turistas, etc.
En mi caso no ser consciente de la vastedad de la ciudad me costó tener que andar unos 5000 números de Melrose Avenue, desde la salida de metro más cercana hasta donde mi hostel estaba. No acaba nunca.
Mi próximo destino, Las Vegas, apareció en la ruta por ser la ciudad más importante cercana al gran cañón, un desvío que siempre valdrá la pena. Una vez más, volar fue lo más barato...
Las Vegas impresiona. Cuando en la época de nacimiento de USA se estableció la ruta méjico-california para transportar básicamente oro y piedras preciosas empezó a ocurrir que muchos convoyes no llegaban a destino; se perdían en el desierto, morían en tormentas o eran asaltados.
La solución de crear un puesto intermedio en medio del desierto fue de John C. Fremont, en 1844, y de la mafia italiana fue la de empezar a construir casinos. Hoy, la mayoría pertenecen a MGM, la productora cinematográfica, que como vemos no sólo se dedica a las pelis para niños.
Hoy, al llegar al aeropuerto se encuentran máquinas tragaperras nada más salir del avión, antes incluso que pasar por la cinta de equipajes; los límites de la ciudad se van extendiendo como un cáncer en medio del desierto con sus parques de césped verdísimo, y cada noche la lujuria y hedonismo explotan para hacer de este lugar una meca para el poder del dólar, una muestra más de la idea americana del consumismo, depredación de recursos e intercambio de bienes constante que hace funcionar el país y sin el que se vería abocado al fracaso.
Disponibles hostels a partir de los 15-20$ la noche, el transporte no será problema ya que la Strip, la calle principal de la ciudad, donde se ubican todos los casinos, museos y entretenimiento dispone de buses que pasan con una frecuencia adecuada.

Subiendo al norte, llegó la parte más familiar de mi viaje, en la que me reuní con familia a la que tiempo ha que no veía; en la pequeña localidad de McMinnville, estado de Oregón, apartado de todo: un paréntesis de dos semanas que resultó más provechoso de lo esperado pues, aparte de permitirme reflexionar sobre el ecuador -ya rebasado- de mi viaje, me permitió visitar la ciudad de Seattle, en el estado de Washington.
Bonita ciudad costera, situada en uno de los lados de una gran bahía -Puget Sound-, posee ese encanto de las ciudades abocadas al mar; en este caso en concreto el grupo de rascacielos del downtown parecen estar asomándose a las aguas de la bahía y el puerto, homogeneizando el paisaje e integrando lugares como la Millenium Tower (en la foto)
Las incontables cafeterías -con vaso XL de cartón y tapa para sorber; los americanos estarán perdidos el día que les quiten la manía de los CUPS de café-, entre las que se encuentra el primer Starbucks, bonito downtown y mercado y una escena musical importante -de aquí han salido cosas desde Nirvana o Foo Fighters hasta el mismisimo Bill Gates-, es una opción muy recomendable en la punta noroeste de los Estados Unidos.

Viéndome, durante el último mes, con temperaturas por debajo de los 10Cº se me empezaba a nublar la vista... así pues, dos días después del 26 de noviembre (Thanksgiving, otra celebración del consumismo desbocado, volveré a ello) dirigí mis pasos hacia la punta sur de la costa californiana, San Diego, a unos 15 km. de la frontera mejicana. La posibilidad de llegar a la frontera en tranvía desde el centro de San Diego facilita las cosas si decidimos hacerle una breve visita al "otro lado", esto es, Méjico.

En San Diego tuve la suerte de escoger Ocean Beach para alojarme; el ambiente hippie/surfero del lugar lo hacen algo digno de experimentar, además de disfrutar del normalmente cálido tiempo.
En esta época, no obstante, hace fresco igualmente -y más al lado del mar; aún siendo el punto más sureño de la costa oeste está mucho más al norte que florida, en la costa este-; por ese motivo me uní a un grupo de viajeros que había conocido previamente en San Francisco y me interné en Méjico, hasta Ensenada, Baja California, puerto frecuentado por cruceros -alojando hasta 6 de ellos a la semana-.
Comentar que Mexico no entraba en mi plan inicial de viaje; el viajero que intente algo similar a el viaje descrito en este blog encontrará que a veces uno se adelanta a su planning y acaba disponiendo de dos semanas para lo que quiera. Estos “adelantos” son ideales para cruzar la frontera que se tenga más cercana.
Lugar realmente pintoresco, lo mejor que servidor experienció en estos 6 días fue la gente: una sorpresa comprobar como, al decir que uno es español -catalán-, ellos replican con una sonrisa y hablan de la “madre patria”.
Mención especial para un supermercado al lado del hostal en el que me alojaba; la mujer del dueño, David, añadía más comida al cazo para invitarnos mientras él y yo hablábamos y mis compañeros aprovechaban el wi-fi del local.
La tan universal palabra “revolución” salió a escena en plena conversación de domingo por la tarde, sentados alrededor de sendos platos de atún especiado con frijoles y arroz.
Para David, el gobierno era corrupto de por sí y ahogaba a la población mediante impuestos y fuerzas policiales, los escasos servicios públicos eran de mala calidad -algo que servidor corrobora- y lamentaba, entre anécdotas de sus años de pesca en Panamá con vascos y gallegos, que “aqui ahora ya nadie se preocupa de nadie” y que no era probable, al menos en la americanizada Baja California, que la gente se levantara.
Seguía, no obstante, esperanzado en que los mejicanos del centro, el “méjico de verdad” que lamentablemente no tuve ocasión de ver, se alzara algún día.
Curiosidad del viaje: Mi banda sonora fue la canción La Bamba, de Los Delinquentes. Uno que es freak xD
Visita provechosa la semana que pasé en Mexico, al final las tormentas llegaron y decidimos volver a San Diego, donde pasé tres días más en buena compañía antes de volver a San Francisco, preparándome para mi próximo destino, el caribe y su isla de agua y madera, del ron y del reggae: Jamaica.

Pero de esta última ciudad, San Francisco, tengo que hacer un apartado aparte, así como también de algún que otro aspecto de la tierra de la “libertad” que es Estados Unidos. Allá va, por lo tanto, el primero de los anexos de USA: San Francisco.

lunes, 8 de febrero de 2010

San Francisco

No es probable que sea un día soleado el de nuestra llegada a la ciudad de San Francisco. La bahía, ese pedazo de mar que es el que le da sentido a la ciudad, también le obsequia muy a menudo con una espesa niebla que puede cubrir completamente la zona financiera y el Golden Gate, por ejemplo.

Algo recomendable si al llegar nos encontramos esta circunstancia es subir a algún rascacielos o monte de la zona como la Coit Tower y ver los rascacielos justos, sin desmedida, sobresaliendo en un mar de niebla que encierra todos los encantos que encontraremos una vez la cosa mejore: Al final el día soleado llega, y es entonces cuando, a la magia de la niebla, se le suma la sorpresa de una ciudad que despierta, que vibra, al ritmo de una libertad de vida legendaria en Estados unidos y en comunión con el ambiente mar-ciudad-montañas que le da ese carácter extra a las ciudades; como Barcelona, Bangkok o Tokio SanFran es un lugar abierto al visitante, que disfruta de hermosos días soleados en los que uno puede ver cómo la gente disfruta del lugar en donde vive.

El downtown, distrito financiero, es un “pack “de rascacielos alrededor del cual se vertebra la ciudad, con su calle Market atravesándolo como la Diagonal en Barcelona; el SoMa (South of Market) al sur y los rascacielos, chinatown y little Italy al norte y agua en toda la circunferencia de la zona. Afortunadamente el ayuntamiento no ha permitido, en las últimas décadas, la construcción de edificios más altos que el más característico de la ciudad, la Torre TransAm, lo que le da a San Francisco un Skyline atractivo como pocos.
Nuestra gran amiga a la hora de orientarnos en la zona de la bahía, con su forma piramidal es la encargada de marcar el eje de la ciudad.

Al ser una zona tan compacta, y eso es otra cualidad de las ciudades mar-ciudad-montañas, podemos encontrar a 10 minutos andando zonas tranquilas con lugares como el Café Trieste, donde Francis F. Coppola escribió el guión de la película El Padrino, o la mencionada Coit Tower o Twin Peaks, desde los que tendremos buenas vistas de la ciudad.
Estos puntos, no obstante, abundan en una ciudad como ésta, incluso en lugares como Oakland o Berkeley, al otro lado de la bahía, visitas también recomendables la una por su historia -el clectivo activo negro Panteras Negras se inició aqui, por ejemplo- y la otra por su universidad.

El parque Washington, al norte, o el más importante parque Golden Gate, al este, morada de numerosos hippies y en el que desemboca la calle Haight, centro de la movida hippie en el verano del amor del 69, marcan buenos lugares para dejarse envolver por la actividad, en un dia soleado, de la ciudad que late alrededor de uno. Tranvías arriba y abajo, enormes camiones de bomberos armando una buena con las sirenas -San Francico ha tenido una larga y complicada relación con el fuego-, turistas mirando al cielo, el chico de color comiendo una hamburguesa; el chino volviendo de comprar la cena, el ejecutivo que viene de una reunión... el hippie destartalado, aquí todos se mezclan pero todos toleran (por lo general, como siempre).
Festiva como pocas -Halloween fue para el que suscribe una montaña rusa de emociones-, siempre encontraremos exposiciones de Arte, conciertos imprescindibles o actos públicos a los que acudir, por no mencionar los 1000 museos y edificios historico-remarcables que posee el downtown.

Mi experiencia, además, fue endulzada por el lugar en el que me alojé -el Hostal Green Tortoise, en la calle Broadway-, que aparte de ser una fantástica “base de operaciones” me brindó la posibilidad de contratar un viaje de 4 días, a bordo de un autobús-litera, por el desierto de Death Valley.
Impresionan lugares como Badwater Basin, el lugar más bajo del hemisferio norte -86m por debajo del mar, y ubicado en un desierto de sal interminable- el cráter Ubehebe, testigo de la enorme explosión de una acumulación hidráulica en el subsuelo, o los numerosos campos de dunas o pueblos fantasma, pero impresiona también esta manera de viajar: Durante el día, el bus es sofás delante, mesas en medio y colchón la mitad trasera para tenderse a disfrutar del paisaje mientras el autobús continúa la ruta a la próxima visita.
Por la noche, todos a hacer la cena, fogata y el autobús se transforma en dos niveles de camas para 24 personas por si alguien no quiere dormir fuera, en una tienda, bajo el cielo estrellado del desierto. Relmente toda una experiencia, que recomiendo a cualquiera que quiera explorar Alaska, California o la Baja California: Tal es el rango de LOOPS o destinaciones.

San Francisco es, en resumidad cuentas, el lugar por el que empezar si se va a la costa oeste de Estados Unidos.
Sin dejar de sufrir los mismos cánceres que el resto de la sociedad Norteamericana, en esta ciudad se respira un aire diferente. Tal vez la conciencia de que, en cualquier momento, podría empezar el Big One -el gran terremoto que se sabe sucederá el las próximas una o dos décadas-, les haga inconscientemente olvidarse de que esto es América, y recordar que aquí rige una ley que se impone a las federales: la ley del tiempo, el que les queda antes de que los tejados empiecen a caer sobre sus cabezas.
La conclusión lógica es disfrutar de ese poco tiempo que se tiene, algo común con el viajero de paso. Y eso en San Francisco es muy, muy fácil.

jueves, 15 de octubre de 2009

Kyoto - Osaka


Salidos de la locura de Tokio, es hora de empezar a explorar el país, y si lo primero ha sido la capital política y financiera, lo segundo será, sin duda, la capital cultural: Kyoto. Templos, castillos y toriis en cada esquina. Se debe tener en cuenta que la mayoría son reconstrucciones de una u otra época; los gobernantes americanos de turno hicieron, como siempre, un trabajo exclente a la hora de dejar el país como un solar, aparte de los frecuentes fuegos y ataques que destruían templos y castillos durante la violenta historia antigua japonesa, plagada de guerras civiles y luchas de clanes.

La cantidad de historia existente en la ciudad, capital en la época dorada de Shogunes y samurais es apabullante; junto con Nara, -al sur, primera capital del imperio y tan profusa en cultura como Kyoto- es donde los hambrientos del japón más tradicional quedarán satisfechos hasta decir basta. Para empezar, imprescindible alquilar una bici ;)

Sobresale en la ciudad el castillo Nijo-jo, residencia del primero de los Shogunes, Ieyasu tokugawa, que nos sorprenderá por sus jardines, arquitectura tradicional y su suelo. Sí, su suelo, que incluso tiene nombre: el piso del ruiseñor. Las tablas de madera que conforman el suelo están fijadas con clavos especiales entre tabla y tabla que hacen que rechinen y canten cual pájaro en primavera a cada paso, medida de protección del shogun contra intrusiones encubiertas de enemigos o ninjas (Shinobis en su palabra original). Os podeis imaginar a servidor caminando cual ninja por el piso, con calcetines y de puntillas para burlar el sistema... xD Imposible: Un tipo listo, este Tokugawa.

Lugares como el Kinkaju-Ji, templo en medio de un estanque y recubierto de oro en dos de sus tres pisos, o la pagoda de los cinco pisos, la más alta del japón con sus casi 60 metros, nos dejarán también empachados de la magnificencia de la historia japonesa: Aquí cada templo, jardín o castillo es diferente a todos los demás, lo que hace necesario considerar pasar aqui el máximo tiempo posible dentro de la agenda que cada uno tenga en su viaje.

Algo a remarcar respecto a Kyoto es que suele ser el lugar a donde ir a ver uno de los símbolos imborrables del japón: Las Geishas y sus aprendices, Maikos.

A verlo o a no verlo; Actualmente, en todo el Japón, quedan unas mil, 100 de ellas en Kyoto. Inexplicable quizá, aunque no tanto al tener en cuenta de que, en esta sociedad, lo nuevo se acoge con entusiasmo; lo viejo se venera pero se desecha sin el mínimo remordimiento aparente. Un aspecto que posiblemente nos aclare, entre otras razones, cómo una sociedad ha evolucionado desde la nada al todo en menos de 50 años. De todos modos con una tarde de paseo al este de la ciudad y un poquito de suerte tendremos suficiente para ver al menos una.

Entre tanto templo, imposible no mencionar también el Fushimi Inari Taisha -4 km. De túneles hechos de Toriis, las típicas “puertas” rojas japonesas”-, templo dedicado al arroz, existiendo tambien atracciones más mundanas como museos manga o movieland, paridero de numerosas películas niponas y un lugar a donde ir a desintoxicarse de tanto templo y tradición.

Kyoto es la segunda referencia del Japón, y a fe que lo vale: Estupendo contraste con la jauría de Tokio y un primer bocado del japón rural y tradicional.


Osaka

Osaka es sólo superada por Tokio como muestra de la locura urbanita del Japón. Ciudad venida a menos, fue en su tiempo el centro económico del Japón hasta que fue superada por la mencionada Tokio; desde entonces ha habido una constante deriva de empresas, inversiones y nuevas infraestructuras hacia esta última, que han dejado a Osaka como una muestra de lo que es tokio: Un monstruo que atrae, depreda la vida del país, la juventud y las nuevas ideas. Consequentemente veremos una población más envejecida -auténtico problema en Japón el envecimiento de la población y baja natalidad-, pero la juventud del lugar dará el do de pecho en la zona central de la ciudad.

Bulevares, neones, pantallas gigantes y altavoces con voces acarameladas: Todo concentrado en 3 o 4 calles en el centro; lo más parecido a la película Blade Runner, ambiente futurista; imperio del neón.

En definitiva, una muestra del crecimiento del japón hasta mediados de los 80 cuando empezaron los problemas económicos del país: la ciudad parece haberse quedado en esa época, y sus habitantes transmiten la misma sensación de antigua -y perdida- magnificencia; una muestra más de que en el Japón, lo nuevo se reverencia y lo viejo se venera pero se desecha.

Eso sí, cosas como el castillo de Osaka (foto superior), el citado barrio centro o el acuario -el más grande del mundo, con dos tiburones ballena y cientos de especies diferentes, foto imferior)- harán buenas visitas para el par de días que necesitaremos para quedarnos con una mínima impresión del lugar.

En este apartado me pararé para hablar del Danjiri Kishiwada, festival a las afueras de la ciudad, zona Kishiwada, al que tuve la oportunidad de asistir.

Se trata, básicamente, de enormes carros cubiertos y profusamente ornamentados, con 4 ruedas fijas, es decir no girables, de modo que a los japoneses, tan modernos ellos pero tan tradicionalmente borricos en ocasiones, no se les ocurre nada más que poner a u mínimo de 100 personas -los jóvenes- tirando de una cuerda delante del carro y unas 50 -los mayores- detrás, para empujarlo a los lados mediante grandes maderos fijados a la estructura y hacerlo girar en las esquinas de las calles a lo bruto; esto provocará numerosas caídas o que alguno de ellos salga despedido debido a la inercia del cachivache, lo que unido a la gente -mujeres y niños en su mayoría- de la ciudad que suele seguir a los carros corriendo nos recordará ligeramente a los san fermines y nos dibujará una extensa sonrisa en el rostro que los locales apreciarán como un tesoro. Estos carros, además, se sacan una vez al año por lo que podemos imaginar la pasión que le ponen; siempre gusta encontrar un turista aislado que venga a ver tu fiesta supongo.

Me he parado a hablar de esto porque en un país así es fácil empacharse de templos, castillos y demás; la manera ideal de “desintoxicarse” es asistir a uno de los numerosos festivales que hay durante el año. A los japoneses les encanta celebrar, y lo demuestran en cada ciudad, cada mes del año -lo que no quita que debamos tener un peliiiin de suerte para pillar alguno-

Último apunte: Japón Es caro, sí, y Tokio es probablemente una de las más caras ciudades del mundo; sólo en el metro ya se nos irá más dinero del previsto. Salir por la noche, en una zona como roppongi, nos dejará también bastante pelados, y las guesthouses no suelen bajar de los 17-20€ la noche; no obstante, no es difícil encontrar comida a buen precio -380 yenes por bol de arroz con ternera y sopa miso- y las entradas a museos o templos no son caras, ni aquí ni en el resto del país. Cuestión de balance... y presupuestos.

Algo caro pero imprescindible tambien si queremos exprimir el país a fondo será comprar un JR rail pass, que nos saldrá a cuenta sí o sí y nos facilitará enormemente la tarea de movernos de ciudad a ciudad ya que incluye el famoso shinkansen, tren bala: Con una frequencia de cada 30 minutos y un metro de espacio para las piernas en pocas horas estaremos en destino por lejos que vayamos. Atención, el pase sólo es adquirible fuera del país, una vez en Japón no podemos comprarlo por muy extranjeros que seamos.

Eso si, los precios no quitan que haya que venir en cuanto se pueda, por supuesto. Pero sigamos...



Tokio, la ciudad imposible


Solemos pensar, (no sólo) en la vieja europa, que la sociedad hace al país, la sociedad hace a la cultura, y ésa es la primera y más notoria diferencia que nos encontramos en Tokio: Aqui, la cultura, la ciudad, hace a la sociedad, la forma y la moldea. Intentar definirlo se torna en una tarea ardua ya desde el principo; aqui no hay resúmenes que valgan, cada mínimo aspecto tiene un máximo de diferencia.

No obstante, habrá que intentarlo...


Población: ni más ni menos que 13 millones de personas, sin contar el extrarradio. Enorme red de metro y taxis con fundas de asiento de encaje, templos centenarios -aunque el tokio actual no tenga más de 60 años desde la devastación de la 2ª guerra mundial- junto a arquitectura de vértigo; tradición, última moda; patria de la soledad y del consumismo de per se: Son mil los detalles a mirar y analizar.

Llegados al aeropuerto de Narita lo primero que haremos será ir a la oficina de turismo y obtener un libreto de la ciudad y un mapa del metro. Enorme; a veces parece que Tokio tenga dos niveles: la superficie y el subterráneo, son tantas las salidas a la calle de cualquier estación que si nos equivocamos podremos acabar saliendo a 1 kilómetro de donde queríamos... saliendo de la misma estación, me ha pasado bastante y se queda uno con una cara de tonto importante.

En fin, ya llegados al centro de Tokio -70 minutos desde el aeropuerto hasta la ciudad, callados con el 70% de los locales enganchados a sus móviles, tecleando que no hablando; está prohibido hablar por teléfono en el metro y en los restaurantes-, y salidos a la superficie, deberemos encontrar nuestra guesthouse; tarea nada fácil ya que a cada segundo se nos irán los ojos a tal o cual edificio, tal o cual vestimenta o tal o cual muñequito manga, ya sea en forma de estatua o dibujito.

Acomodados por fin, intentaremos hacernos una idea global de la ciudad: un conglomerado de pueblos o zonas, devoradas todos por el Tokio original, en las que tanto el fin como el medio difiere de unas a otras. Roppongi para la vida nocturna, Akihabara para la electrónica y el manga, Ginza para lo exclusivo, Shibuya para lo joven, Asakusa o Shinjuku para tranquilidad.

A la hora de empezar a movernos, el transporte es excelente: La puntualidad y frequencia del metro es apabullante, servidor se quedó helado al ver un revisor, cronómetro en mano, entrar en un vagón al azar, empezar a contar segundos y cerrarse las puertas y arrancar el convoy justo en el segundo en que el buen hombre acababa de contar. El taxi sólo será una opción para los presupuestos más abultados, tampoco es que haga falta a no ser que acabemos una noche loca más allá de las 00:00 horas, cuando el sistema hiberna y los metros cierran.

Tokio, ciudad portuaria aunque a veces se olvide, gravita alrededor del palacio imperial y sus jardines, visitables a medias pues solo podremos entrar en el palacio de la monarquía más antigua del mundo dos días al año; el resto del tiempo tendremos que conformarnos con sus jardines.

Alrededor, decíamos, de esta muestra de magnificencia relajada, empezaremos a visitar:

Roppongi, distrito financiero de día y de ocio por la noche, será donde econtremos cosas como la Tokio Tower, un facsímil de la torre eiffel que nos brindará las primeras vistas aéreas del interminable tokio: mejor visitado de noche, nos quedaremos sin aliento con la vastedad de la ciudad; la profusión de luces, líneas de transporte terrestre y rascacielos nos hacen pararnos y simplemente mirar, observar: Una ciudad viva, palpitante a todas horas. No en vano, este es el lugar que, desde la devastación de la segunda guerra mundial, creó su propio milagro para convertirse en uno de los centros mundiales a tener en cuenta, arrastrando a todo el japón con él.

Roppongi, decíamos. Clubes como The Cavern, homenaje a los beatles -un fenómeno en japón como en ningún otro lugar-, restaurantes ejecutivos y discotecas con lo más granado del techno y performances tan locas como el propio país; un primer vistazo a la mareante arquitectura y la original manera de vestir de los japoneses de noche.

De ahí se puede pasar, perfectamente, a Shibuya, y aquí es donde nos sentiremos en otro planeta.

Zona donde conseguir lo último en moda japonesa, las últimas tendencias, ese codiciado volumen manga o gastar algunos yenes en los varios centros de Pachinko (He decidido que el deporte nacional no es ni el béisbol ni el sumo: Es el Pachinko, máquinas recreativas demasiado difíciles de explicar, mejor buscar por internet, pero que con su incesante caer de bolas metálicas crean una banda sonora como para lobotomizarle a uno), centros comerciales o de manga interminables o ver casi el ejemplo más claro de la locura reinante: El cruce de Shibuya, miles de personas por minuto yendo aqui o allá, nos dejará con la boca tan abierta como el mejor de los templos o edificios del país.

Barrio eminentemente joven, encontraremos también -junto a Akihabara o, por ejemplo, parque Yoyogi en fin de semana- lo más granado de la juventud y la moda kitch, geek, freak o como quiera llamársele. No encontraremos en madrid o barcelona a nadie vestido ni la mitad de raro -u original o vanguardista según se mire- que en este distrito de tokio.

El anteriormente citado Akihabara, no obstante, no le va a la zaga: la zona electrónica por excelencia ha perdido su atractivo en cuanto a precios que siempre la había caracterizado, sin embargo los extranjeros podremos ahorrarnos el IVA presentando el pasaporte.

Tiendas de piezas para robots, barrios de instrumentos musicales, edificios enteros donde encontrar lo último en tecnología, no encontraremos un centímetro cuadrado de pared sin una colorida pegatina, anuncio o consejo acompañado de un dibujito manga; el exceso de información se hace apabullante, encontrar un determinado artículo electrónico nos podrá volver locos con tanto color, neón y ruido.

Odaiba, isla artificial construida sobre un vertedero, que se ha transformado en la zona más experimental de tokio. Lugares como el edificio de la fujiTV o el museo de ciencias y tecnologías emergentes, toda una garantía con ese título en un país como el Japón, harán buenas visitas antes de salir a la calle al anochecer y sentarse a observar el espectáculo de la ciudad de noche desde la bahía de Tokio; la réplica de la estatua de la libertad con el puente Rainbow de fondo, acompañados por el skyline tokiota atraen cada noche a decenas de turistas -y locales- en busca de ese ambiente y foto mágicas.

Harajuku, Ginza, Asakusa... demasiados barrios quizá para este humilde blog, o puede que demasiadas las diferencias entre ellos; lo que queda claro es que no hay un barrio parecido al otro, conformando una variedad de estilos difícil, si no imposible, de encontrar en ningún otro lugar.

Y es que todo es imposible en esta ciudad: la moda, vanguardista hasta el extremo; los edificios, mareantes en su tamaño o diseño; el metro, un Tokio subterráneo con la misma población aparente que la superficie y probablemente el mayor número de móviles conectados a internet de todo el hemisfario norte; la tecnología, habitual encontrar el último modelo de robot aspiradora para tu casa; los centros de pachinko, las performances discotequeras, la profusión de falditas de colegial y peinados masculinos voluminosos hasta decir basta, los hoteles cápsula, para ejecutivos adictos al trabajo o turistas curiosos; bares “otakus” donde nos servirán chicas con vestido de colegiala y cofia...

Y todo ello con la sensación, como decíamos, de que no son los Tokiotas los dueños de la ciudad: Cada uno condiciona al de delante, el de delante condiciona la moda del de al lado y la ciudad los moldea a los tres para terminar poseyendo su hoy, su mañana... y su modo de vida: Aquí el “tú”, el “él” y el “yo exterior” se imponen al “yo interior” con tanta fuerza que las vías de escape para este último son tan numerosas e intensas como gente vive en la ciudad.

En medio de todo ello encontraremos remansos de paz en parques, barrios de bares tradicionales o tranquilos baños públicos -Onsen, alos cuales servidor de ustedes no pudo acceder debido a su brazo tatuado al estilo japonés-, pero el torbellino que es Tokio nos arrastrará inevitablemente a un mundo en el que el -pequeñísimo- espacio mental que el tokiota tiene para él mismo intentará multplicarse exponencialmente en intensidad, ya sea ante una máquina recreativa o una camarera vestida de enfermera.

Podría seguir y seguir hablando de la psique; citando diferencias con el resto de mundo conocido o intentando sintetizar todos los detalles; la tarea, no obstante, se me antoja harto dificil así que espero que lo escrito hasta ahora le sirva al lector para hacerse una ligera idea. Suele considerarse muy difícil venir hasta aqui debido a la distancia y el alto coste de vida.Y lo es, pero deberemos hacer el esfuerzo en cuanto sea posible porque aqui, en Tokio, uno no mira o se pasea por la ciudad: la ciudad lo mira o lo pasea a él.

Y eso hay que experienciarlo.

lunes, 14 de septiembre de 2009

Vietnam, 2ª: Itinerario

Así que, aqui estamos! Empezamos por Ho Chi Minh City (antigua Saigón) dispuestos a regatear el precio de la habitación; una de 6€ la podremos conseguir por unos 4 con un poco de insistencia, teniendo en cuenta hoteles, hostales y “rooms for rent”, literalmente habitaciones en casas privadas. No parece caro pero se debe tener en cuenta que en este país los servicios e infraestructuras tienen un nivel más bajo que en otros paises más avanzados; se obtiene menos por el mismo dinero, por lo tanto, aqui la comodidad se paga. Aún así, sigue siendo posible tomarse una jarra de cerveza en Hanoi por unos 4000 VND -Unos 0.20€- o un Hot Pot (Foto inferior, de 60 000 a 100 000 Dongs)

Los túneles de Cu Chi, enorme red de túneles usados por el Vietkong durante la guerra contra EEUU son una muy buena opción en cuanto a visitas; los americanos llegarían a construir una de sus bases encima de una sección de túneles sin siquiera dersa cuenta.

Si se puede, es también recomendable irse a recorrer la campiña del Delta del Mekong: Cráteres de bombas entre miles de hectáreas de arroz y nuestro primer contacto con el Viet Nam más rural. El Distrito de Cho Lon, en Saigón, nos servirá para familiarizarnos con la vida en el mercado vietnamita. Cientos de colores y aromas se mezclan en lo que antaño fue una de lás zonas de más comercio del sudeste asiático.

Entre tanto vendedor ambulante deberemos decidir nuestro siguiente destino; aqui es donde entra el sistema Open Ticket. Un buen invento: Se puede ir de sur a norte del país, parando en las principales ciudades, por unos 20€; la opción de autobuses-litera nos podrá salir unos 5-10€ más cara. Difícil decidir ya que, por ejemplo, el recorrido Hoi An – Hue (4 horas) contrasta con el Hue – Hanoi, 13 horas. Las distancias son grandes aquí aunque no lo parezcan, y la velocidad real de los vehiculos no suele pasar de los 70km/h; por lo tanto, aunque el ticket de asiento es más barato quizá los viajeros con un poco más de presupuesto se decanten por la opción del bus-litera.


Primera parada Nha Trang (foto superior), en la costa; una especie de Benidorm a la Vietnamita, más últimamente en que se pueden ver los esqueletos en construcción de los futuros hoteles-rascacielo. La parte más turística en sí no tiene mucho a remarcar; será en el precioso barrio de pescadores o el templo Cham de las columnas a donde tendremos que ir en busca del Viet Nam más tradicional.

Destino frecuente para turistas y parejas Vietnamitas, quizá no queden colmadas todas las expectativas, pero el lugar es un buen punto de partida -uno de los pocos- para contratar los servicios de un Easy Rider, léase guia motorizado, que nos llevará de paquete en su moto, o nos dejará una moto para seguirle, en una ruta por el interior de la zona en cuestión; cascadas, villas y montañas incólumnes que nos permitiráan conocer el Viet Nam más auténtico. Una opción a tener en cuenta, se esté en la zona que se esté del país.

Siguiente parada, Hoi An, y aquí sí nos encontraremos algo diferente; pueblo a orillas del río, con la playa a unos 5 minutos, no encontraremos en la localidad ningún edificio que sobresalga de los demás, tratándose el estilo arquitectónico de casas bajas, de no más de dos plantas, generalmente de madera, y de mansiones de antiguos comerciantes chinos o miembros del gobierno, éste será un buen lugar para contemplar arte en una de las numerosas galerías existentes y/o encargar un vestido o camisa, hecho a medida, por unos 20€. Un cambio enorme comparado con Saigon o Nha Trang, en Hoi An servidor no pudo evitar notar reminiscencias mediterráneas; la misma tranquilidad, los mismos colores, el mismo ambiente. El pueblo se conserva como en tiempos antiguos; además se libró de los bombardeos norteamericanos durante la guerra así que en pocos lugares más veremos cómo era una ciudad vietnamita del siglo pasado. Un buen tratamiento de desintoxicación del crecimiento evidente en que se ve sumido el resto del país.

En Hue, también en el centro del país, nos estarán esperando el palacio del emperador, la ciudadela antigua y las diferentes tumbas de reyes que fueron gobernando el país desde esta ciudad, mezcladas con una ciudad hoy industrializada, principal ciudad del centro y tan superpoblada como Hanoi o Saigón.

100 kilómetros al norte se encuentra la Zona Desmilitarizada, a la altura del paralelo 17, el que separó Vietnam del Norte del Sur después de la guerra de Indochina: El lugar a donde ir si se buscan testimonios de la guerra contra EEUU.


En Hanoi, la capital, ciudad del Norte comunista vencedor y sede del partido, encontramos un ambiente distinto del de Saigón; aqui no tendremos que buscar bares locales de calle con cerveza barata pues parece considerarse más importante mantener el statu quo local que centrarse en el turista; lo cual es de agradecer.

Perseverando en su ideal del Vietnam más independiente, contrasta con la mucho más liberal Saigón en cuento a que no veremos vendedores ambulantes de guías de Vietnam, gafas de sol o grandes clubes con neones: aquí el partido controla, pero aparte hay una tendencia mucho más fuerte a mantener viva la tradición del país. El tráfico de motos e incesante actividad a cualquier hora del día son, no obstante, iguales que en Saigon.

Buena muestra de ello son, por ejemplo, las funciones de las tradicionales marionetas de agua o las visitas a la cárcel de Hanoi, el museo Ho Chi Minh o el mismo Mausoleo del difunto, en el que encontraremos al tío Ho fresco como una rosa gracias al embalsamamiento al que fue sometido a finales de los 60. Una lástima si consideramos que su voluntad era ser incinerado y repartir sus cenizas por las 4 montañas más altas del norte, centro y sur del país, como símbolo de unidad; el partido, no obstante, consideró mejor embalsamarlo para que lo pudieran ver los futuros ciudadanos vietnamitas del Sur aún no conquistado. Así que allí está el hombre, con su cara en todos los billetes del país, su nombre en autopistas y ciudades pero más tieso que la mojama.


A 4 horas al este, en la costa, se encuentra la bahía de Ha Long, patrimonio de la humanidad y de donde procede una de las fotos más célebres de toda Asia.

Miles de islotes y peñas se aglomeran en esta zona, visita obligada y en la que podremos realizar desde excursiones de 4 horas a 2-3 días durmiendo en uno de los juncos de la bahía. Eso sí, juncos modernos: Los tradicionales con velas vietnamitas hace tiempo que claudicaron frente a los grandes barcos-hotel y los motores fueraborda.

Aún así, el lugar nos mostrará una buena visión de la Asia más eterna; Un paisaje tan distinto a lo que podamos encontrar en occidente que nos hará volar la imaginación pensando en piratas, dragones y la Asia más ancestral. Una visita obligada si se decide venir al país.

Y, en cuanto al campo... realmente se respira un ambiente distinto al de las ciudades; los vietnamitas rurales suelen, en un 95% de los casos, ser gente curiosa y alegre que aceptan al extranjero con una sonrisa mientras le bombardean a preguntas como si está casado, cuantos años tiene, en qué trabaja... Gente sencilla, trabajadores y algo en su rostro que nos habla de lo mal que lo ha pasado el país en su larga historia, y también quizá una expresión de desconcierto, de no entendimiento ante el rumbo que están tomando las cosas en su país, un país que en su historia sólo había evolucionado en términos de lucha pero que se está zambullendo de lleno en la búsqueda de capital extranjero, de modernos vehículos de 100 000€ circulando por angostas calles entre cientos de motos y ciclotaxis y construcción de modernos hoteles, centros de negocio y resorts.

Como siempre, a más pobreza más riqueza: Al igual que en la India -ver capítulo anterior-, esto parece tratarse de 50 000 ricos que usan el potencial de los millones restantes para impulsar al país (y a sí mismos por supuesto).

Nos tememos, visto lo visto, que poco le queda al Viet Nam actual; el viajero que quiera saborear la tradición original hará bien en venir antes de unos 10 años; al ritmo que van las cosas ése es el plazo que le queda al Sur de los Viet -traducción de su nombre original, Nam Viet- para ofrecernos el encanto de sus gentes, de sus campos de arroz y maravillosos paisajes rurales intocados.

Un último apunte: El regateo. No sabemos hasta cuándo durará -posiblemente para siempre dado lo arraigado de la costumbre- pero aquí se regatea todo: Desde el alojamiento al transporte, libros, souvenirs... siempre se deberá empezar ofreciendo la mitad del precio que nos pidan.

Aquí se presupone que los extranjeros y Vietnamitas de dinero no sólo pueden sino que deben pagar más por lo mismo; no es aprovecharse sino una manera de ver las cosas en la que el que tiene más debe pagar más para ayudar al que tiene menos; la casta superior tiene privilegios pero debe, a su vez, contribuir al bienestar relativo de las castas inferiores.

Y se acabó el Viet Nam; en esta ocasión no me he recreado tanto escribiendo porque he estado demasiado inmerso en el país en sí. Sólo me queda recomendarlo como un excelente lugar al que ir a ver y aprender; los vendedores, mototaxis y demás pueden hacerse algo pesados de vez en cuando pero con paciencia y una sonrisa siempre por delante no deberemos tener el más mínimo problema.

Decir también que esta entrada trata sólamente de los lugares más visitados; En todo el interior del Vietnam encontraremos aldeas y campo para aburrir, se recomienda ingeniárselas para ir, tembién, hacia dichas zonas.

Espero que haya sido suficiente para haceros una idea o, cuando menos entreteneros; servidor se prepara para dirigirse al sol naciente: El Japón.

Viet Nam, 1ª: La larga lucha Vietnamita

Viet Nam, el dragón dormido de Asia -o la pértiga con dos boles de arroz en los extremos, a esto les recuerda a los vietnamitas la forma del país-, tiene mucho del primero: Un dragón que ha luchado, ha dormido y está despertando con una fuerza intensísima.

Bautizada como la Conchinchina por los portugueses allá en el 1516, fue considerada una tierra difícil, más violenta y menos “colonizable” que muchas de sus vecinas; no en vano desde el siglo I a.C había estado en conflicto permanente con el mismo país del que acabó absorbiendo una buena parte de la cultura: La China, y a la vez soportando conflictos internos sur-norte.

No sería hasta unos 100 años después que un jesuita francés, Alexandre de Rodes, que romanizó el alfabeto Viet, pero que introdujo la religión cristiana -con los consequentes predicadores y obispos con, nos tememos, no las mejores intenciones- y puso al Viet nam en la mira del colonialismo francés.

Así que un clavo, Francia, sacó a otro, la China. Pero, ay de los Viets, este último clavo estaba aún más caliente y duró hasta 1954, en que después de la guerra de Indochina y la larga marcha del Tío Ho (Chi Minh) los franceses se retiraron del país, exhaustos, y el Vietnam quedara dividido en dos: La República Democrática del Vietnam en el norte, comunista, gobernada por Ho Chi Minh y la República del Vietnam en el sur, “amiga” de los EEUU y con dirigentes extremamente anticomunistas.

En este punto el lector ya adivina lo que viene: Después de una breve pero intensa ocupación japonesa llegaría la guerra entre el Norte comunista y EEUU más el Sur anticomunista, que arrojó sobre Vietnam, Camboya y Laos el triple de tonelaje en bombas que en toda la segunda guerra mundial.

Pero, como llevaban haciendo los ultimos casi 20 siglos, los Viets lucharon, vencieron y en nombre de Ho Chi Minh el vencedor norte comunista unificó al país en lo que es hoy: La República Socialista del Vietnam, cambiando el nombre de Saigón por el de Ho Chi Minh City y iniciando un férreo control sobre la población y cualquier tipo de disidencia pasando desde campos de “reeducación” a ejecuciones, privando al país de la libertad que se había ganado y reduciéndolo a un estado de aislamiento y parálisis.

Y en esas estamos... o casi.

Hoy en día, el partido comunista -el único, por supuesto- sigue empecinado en controlar cada aspecto de la sociedad civil, siguen habiendo disidentes encarcelados y ejecuciones políticas todos los años.

La televisión sigue siendo la del estado; los periódicos independientes no existen y se controla incluso la disidencia electrónica, pero el dinamismo en el que se ha envuelto el país desde su apertura en 1994 está obligando al partido a replantearse el camino, adquiriendo cada vez más tintes capitalistas y creando una especie de “capitalismo de estado” en el que todo se recibe, todo se monetariza, y todo pasa por manos del partido en un momento u otro.

Como todos sabemos, la avidez de dinero sólo lleva a un destino: Más avidez de dinero, así que no parecen quedar lejos los días en que cosas como la malnutrición o la escolarización pasen a ser priorodades políticas (en el 13r país más poblado del mundo, eso sí); en la escena internacional el Vietnam nació “ayer”, quiere participar y parece saber que ello conlleva gobernar el país de una forma más normal, más abierta. La gente ya no le teme a la policía, lo cual es el primer signo de recuperación...

Recemos para que lleguen a buen puerto sin perder el equilibrio, ni de un lado ni del otro.